miércoles, 25 de marzo de 2009

¡Quieren enseñarnos a vivir!


Como si no supiéramos. Hablo de esa especie de bípedos que todos conocemos de memoria, todos aquellos que son más listos que nadie, que tienen una causa, filosofía, estilo de vida... que vender. Que te miran escandalizados cada vez que haces cualquier cosa porque ellos sí saben cómo hacerla mucho mejor que tú.

Particularmente este tipo de gente se encuentra en proporciones alarmantes en las minorías, en los grupúsculos de gente raruna que vive o piensa de manera extrema y extraña para el común de los mortales: Todo el planeta está equivocado y ellos pertenecen al selecto grupo de iluminados que atesoran la verdad en sus mentes y sus corazones, hacia la que, invariablemente, quieren atraerte con todas sus fuerzas.

Por ejemplo, respecto a esos que comen especialito (vegetarianos, macrobióticos y demás rumiantes) y que cuando – anécdota prestada de mi compañero de piso – estás en un bar con los amigos tomando una caña y pincho de tortilla, va el colega y te dice: “Pero cómo puedes comer eso, ¿no ves que es una bomba de colesterol e hidratos y tiene aceites loquesea?” Y le responde uno de los amigos: “Mira Toño, cuando hoy a mediodía llegues a casa a comer, habrás pasado una mañana entera reprimiéndote para no comer esto y lo otro, ratos desagradables viéndonos comer a nosotros y habrás discutido con tus amigos por culpa de ello. Nosotros habremos pasado una mañana de puta madre, comiendo cosas que con una caña delante están de muerte, riéndonos despreocupadamente y sólo jodidos cada vez que tú abres la boca. ¡Come tortilla o déjanos en paz!”
Eso de come tortilla o déjanos en paz, en mi humilde opinión, ¿da para letra de un himno, o no?

El caso es que cosas como esta son más que comunes, que la gente no tiene maldita idea de lo que significa el respeto a los demás, lo que supone algo como la individualidad y que los demás tienen todo el derecho del mundo a hacer de su capa un sayo y taponarse las arterias de dos en dos con toneladas del tipo de grasa que les dé la real gana.

Pero eso les da igual, ellos pontifican en todos los campos: que si responsabilidad laboral, que si nutrición, que si sanidad en general, que si política, que si antisistema, que si estética y aspecto, que si religión, que si costumbres, que si...
Sobre todo: se meten en los aspectos más personales de la gente, sin medida, sin pudor alguno, y exhiben sus estúpidas recetas como si no fueran otra cosa que realidades marginales destinadas a la más cruda extinción de los usos sociales en la historia. No pasarían de ser unos pobres idiotas si no fuera porque resulta, que son insoportables.

Hay que hacer como el amigo de la tortilla: cortarlos sin contemplaciones, crudamente, y mandarlos al más refinado de los infiernos que se os puedan ocurrir en ese momento.

3 comentarios:

ana dijo...

el problema gordo, pero que muy gordo, es que esos que nos quieren enseñarnos a vivir se han subido a los sillones de los que mandan, y parece que es un mal que se extiende por el mundo cual mancha de aceite...

Sergio dijo...

¿No crees que en esta entrada te pillas un poco los dedos? Es decir, de alguna forma, tú también expresas una filosofía de vida, y a veces algunas de tus afirmaciones pueden ofender a ciertas personas, aunque no lo pretendas. Es inevitable hacerlo cuando te preocupas de lo que te rodea.

Gladius dijo...

No Sergio, lo bueno del idioma escrito está en que no impone atención; el que quiera lee, y el que no no.
Y yo no expreso filosofía alguna, sólo digo cosas.