martes, 24 de marzo de 2009

Ámsterdam, la ciudad de la marmota


Estuve tres días por allí, y me gustó, pero la verdad es que es la ciudad de la marmota. Me explico:

La ciudad la componen una serie de canales y calles concéntricas, o sea, un urbanismo de anillos semicirculares. De esta forma, hagas el trayecto que hagas, y si no estás muy pendiente de planificarlo al milímetro, sí o sí vas a pasar una y mil veces por los mismos sitios.

Pero además, es que aunque las casas son bonitas, curiosas y es una ciudad bonita para dar vueltas (nunca mejor dicho), todas, absolutamente todas las calles tienen casas que jurarías idénticas: mismo estilo, igual de altas, igual de estrechas, igual de cuidadas, igual de pintadas...
Total, que entre que pasas por los mismos sitios y que los que son distintos son exactamente iguales, vives el día de la marmota continuamente quieras o no.
La única manera de suavizar un poco ese efecto, es cambiar de método de transporte cada día: uno en barco, otro andando, otro en bici... y ya. Pero sólo lo suavizas; yo lo hice y la sensación no me la quité.
Eso sí, la ciudad es acogedora, los días entretenidos y el ambiente, entre tanta bicicleta, vida en la calle y tanto canal, es curioso y apetecible.

Respecto a los canales... están bien, pero después de verlos, es obligado hacerse una pregunta ¿por qué en cuanto hablas de Venecia lo primero que oyes es “pero el agua de los canales es asquerosa”, y cuando nombras Ámsterdam cualquiera te habla de todo menos de lo sucísima que está el agua? Está mucho, pero mucho peor que la de Venecia.
Y no sólo los canales, la ciudad es bastante sucia y muy lejos de lo que se suele decir de las ciudades europeas respecto a las españolas: desde luego, Madrid está mucho más limpia que Ámsterdam.

El tan cacareado Barrio Rojo y a los Coffee Shops... sinceramente, ambas cosas, que son con las que todo el mundo te aburre siempre, son algo despreciable. Lo de las putas en los escaparates, con los grupos de tíos borrachos gritándoles y ellas insinuándose, es de lo más sórdido y estúpido que he visto en mucho tiempo. Y de los Coffee Shops, esperaba algo más digno: son tugurios lamentables, los peores locales de ocio, maltratados por el uso, iluminados de la peor manera y de todo menos acogedores. No es que esperase algo como un café vienés para fumadores de porros, pero coño, es que los fumaderos de opio chinos de hace 100 años les dan mil vueltas. Son como locales de “fumada rápida”. Que un bareto de mala muerte de pueblo con un camarero-camello de cualquier poblacho de la España profunda está a la altura.
Yo no fumo, pero supongo que a los que lo hacen en Ámsterdam, el subidón del porro les tiene que multiplicar por mil el efecto marmota. Y supongo que viceversa también.

Pero en fin, que aunque no tiene nada que impresione de verdad (edificio imponente, avenida que te cagas, museo impresionante, monumento de postal...), nada, la ciudad está en general a la altura de lo que promete (paseos en bici fumado) y merece una visita de fin de semana (y va que chuta).
¿La segunda visita? ... para eso nadie necesitará mi consejo.

1 comentario:

ana dijo...

me ha gustado mucho tu descripción de ámsterdam, gladius :)
estoy de acuerdo, lo mejor es el ambientillo que se respira en la calle. para mí es una de esas ciudades que, precisamente porque no tienen nada espectacular que ver, no son para ir de turimo, sino de escapada, para disfrutar sin complicaciones de sus calles, de sus terracitas, de sus rincones, del ambiente en general. a mí siempre me apetece volver