lunes, 5 de mayo de 2008

Infames bongos


Llega la primavera, los vencejos se hacen dueños de los cielos de la ciudad por la mañana y al atardecer, el destape estival empieza a torturar los corazones, las tardes invitan al paseo por parques, jardines... En Madrid, en el parque por excelencia de España, El Retiro, la banda sonora no la ponen los pájaros, ni los niños, ni las fuentes, ni la brisa. La ponen los malditos bongos, los djembés, los tambores de todo tipo que sitian al monumento a Alfonso XII todas las tardes.
Unos tambores que se oyen desde fuera del parque, una confusión embarullada de ritmos monocordes que lo invade todo. Los tambores son armas, vuelven loco; era lo que usaban los indios para desquiciar las caravanas de colonos con su ritmo constante, lo que usan los niños para hacer ruido (no confundir con música) y molestar... y en El Retiro son exactamente eso, se hacen insoportables, desquiciantes, se oyen a manzanas de distancia desde cualquier casa con una ventana abierta.
Y los tocan ¿quienes? Pues cualquier payaso con ganas suficientes, porque como instrumento musical es gratis: no hace ninguna falta saber nada de música, ni siquiera tener pizca de oído. Basta con sentarse con un porro en los labios, y así, medio agilipollado, ponerse a darle golpes a una cosa que suena. Un bongo es lo primero que se quiere comprar un idiota al que le gustaría tocar algo y no es capaz de distinguir una nota de la siguiente. Porque con un bongo se da el pego, es facilísimo, sólo es aporrear. Si algún día un mono toca un instrumento, ese será un bongo. Seguro.
Pero los bongueros y su corro de bailarines merecen un capítulo aparte. ¿Quiénes son? ¿cómo son? ¿qué hacen? ¿a qué se parecen?
Voy a ser lo más gráfico e ilustrativo que pueda. Lo que allí se encuentra básicamente es una colección de arrastrados. Hay desde sucios rastas, hasta neohippies, pasando por desarrapados, camellos, desocupados, borrachos, yonquis, pirados... Esos son el grupo duro, el que nunca falla, el que siempre está ahí dándolo todo alrededor del bongo. Además, siempre hay algún curioso de paso, algún turista despistado o los que se acercan a ver el circo porque dicen que les gusta y se largan en 15 minutos. Pero vamos, que en esencia es esa chusma asquerosa es la que puede estarse durante 8 horas seguidas aporreando inmisericordes y bailoteando medio en trance.
Pero no sólo se tocan bongos. Es que además el monumento se ha convertido en un fumadero (y mercado) de hachís y marihuana, aparte de un botellón permanente al aire libre. Y alrededor pululan especímenes como chicas con cariocas (parece sexista pero no: es muy de tías), alternativillos/as queriendo hacer malabarismos con pelotitas, palitos, diábolos, mazas... también perdidos con bicis de una rueda, haciendo ronditos de fútbol...
Total, que una de dos:
- O se quita la ley antibotellón, se permite el consumo de drogas en público, se permite también molestar a todo el mundo en los lugares públicos emitiendo todos los decibelios que nos venga en gana y nos quedamos todos encantados...
- O aparece algún día la inoperante policía española a enchironar a todos los camellos que ahí se dan cita todos los días impunemente, multan a todos los bebedores, requisan todos los bongos y apalean a los que protesten.
Esto para los amantes de la ley, la civilización y la democracia, porque yo creo firmemente que es una excelente ocasión para reinstaurar los paredones y los fusilamientos masivos.

4 comentarios:

Zomas Osborn dijo...

Creo que sería un gran avance para la estabilidad mental, urbana y social (y en consecuencia, mundial) incluir los bongos como armas de destrucción masiva. Estoy contigo, Gladius: Infames bongos!!!

Esaque dijo...

Si algún día publicas un libro, ya tienes título: Los infames y los bongos. Seguro que Vargas Llosa a lo sumo se ofendería ¿Y qué? ¿Acaso es Dios?, ¿acaso es Gladius?

Bongosero Con Juguete Nuevo dijo...

Caí aquí de casualidad porque me voy a comprar unos bongos :) Bueno, mejor dicho, otros... ya tengo el pack completo de percusión que pienso sacar a la calle para deleitar a oidos como los tuyo. No me voy a molestar en contestar a ciertas cosas que dices porque muestras bastante incultura en algunos de tus comentarios acerca de los bongos. Muy desacertados en ocasiones y normalmente generalizando. Pero al igual que mucha gente porro en boca se cree con la capacidad de tocar unos tambores, mucha gente titulo de periodismo en mano se cree con la capacidad de opinar acerca de cualquier tema sin siquiera enterarse un poquito antes. Buenos dias

Gladius dijo...

Este blog no es periodismo, es opinión, o sea nada que ver. Y si no te gusta, conque no lo leas todos contentos, pero yo en cambio me tengo que tragar por fuerza tu mierda de ruido si tocas en la calle.
¿Y de qué me tengo que informar para poder opinar, listo? ¿es que no basta con que me moleste para tener derecho al pataleo?
Y los bongos serán cultura en su sitio, aquí sólo son putos tambores, y más tocados por los fumados que los suelen aporrear.
¿Y si te largas a la selva a tribalizarte con tus putos bongos? Muchos agradeceríamos esa muestra de coherencia por tu parte.