jueves, 13 de marzo de 2008

Mierda de especie terrestre...


El culpable de este post es Dios. Bueno, más bien su poca generosidad a la hora de crearnos. Ha dicho que nos hizo a su imagen y semejanza, y para dominar el mundo que puso a nuestros pies. Lo malo es eso, que nos lo pegó a los pies; ¿por qué coño no podemos volar? Es una considerable falta de consideración habernos atado al suelo.
Si nos ponemos en su situación (no me vengan conque no podemos, porque sería un argumento más contra la imagen y semejanza esa), se le van ocurriendo maravillas a lo largo de siete días (peces, océanos, luz, plantas, viento, animales de todo tipo...) entre las que fabrica tela larga de animales de todas clases (aves, reptiles, insectos, mamíferos) que sí pueden volar. Y cuando llega nuestro turno, ¡no nos pone alas!
Venga, pero ¿qué le costaba? Hay tres elementos para moverse: tierra, agua y aire. Nosotros sólo somos terrestres y hacemos algún pinito en el agua (lo justo para manejarnos y disfrutarla), pero de aire nada de nada. De hecho, sabe Dios las muertes que tenemos que poner en la cuenta de no dominar el aire.
Sinceramente, porque somos conformistas y engreídos, pero como diseño biológico somos una mierda. Tenemos mucho más en común con un reptil que con un humilde gorrión. ¡Si vuelan hasta las guarras de las moscas!
Y ahí entro en el meollo de la cuestión: Si Dios vuela, y fabrica bichos a punta pala que también vuelan, ¿me tengo que creer que somos sus preferidos? Pues no tengo nada claro que seamos más favoritos que los ángeles. Esos sí que vuelan, esos sí que están hechos a su imagen y semejanza. Y respecto a que no tienen libre albedrío... vamos, a otro con esas: ¿por qué si no fue Luzbel al infierno? ¡Por usar su albedrío como le vino en gana!
Nosotros somos la asignatura pendiente de Dios en la creación. Si por lo menos, como las serpientes, no fuésemos conscientes de que no volamos ¡pero sí que lo somos! Es que ni un poquito, ni siquiera el equivalente al cutrevuelo de las gallinas.
Yo creo que de ahí nos viene desde pequeños esa obsesión por aniquilar aves como sea: frustración y envidia a partes iguales. Porque además las soluciones paliativas no funcionan: fabricar aparatos, dejarse caer con trapos inflados... no son más que tristes consuelos y tacañas migajas.
A ver, tampoco me creo que Dios no nos quiera (por querer, querrá hasta a los ornitorrincos. Total, querer es gratis), lo que sucede es que cuando nos creó, ya cansado después de trabajarse todo el mundo y los cielos, gravedad, órbitas, los mares, las galaxias... le pillamos cansado. Que su intención era buena, sí, pero qué cojones, agarró un poco de barro y le pegó un soplo. Se nos quitó de encima, no puso el mínimo interés, al menos ni la mitad que el que le dedicó a los ángeles. ¡Nos hizo los reyes de la creación más cutres de toda la historia del universo!
Es más, estoy convencido de que por eso hizo tan grande el universo, porque por ahí adelante hay otros mundos donde, aprendida la lección, hizo otros reyes de otras creaciones como Dios manda: ¡Con alas!
Esto me jode un montón. Pero mucho, coño. Es como para que cuando se le ocurra pedirnos cuentas, agarrar y decirle: “eso, venga, vamos a hablar tú y yo de lo que se me puede exigir y de lo que no ¿vale? Que anda que tú te luciste con el barro ese, majo”.
Yo lo tengo claro, que no me venga con exigencias o le pregunto por mis alas y lo dejo en evidencia.

1 comentario:

saroide dijo...

El problema de las alas lo ha solucionado Evax :P