jueves, 4 de junio de 2009

Por un verano sin gentuza


Un cuerpo especial, unas patrullas de gente preparada, con una titulación en algún tipo de licenciatura que garantice una cierta cultura de modestia estética (arquitectos abstenerse) y musical.

Pues eso, que sólo se trataría de desfilar por las playas, chiringos, paseos marítimos y terrazas de verano de toda España para ir pasando revista y detectando a todos aquellos personajes que degradan el ambiente, ya sea por sus pintas, por sus modales, por sus familias de mierda, por sus putos retoños, por la selva de cachivaches con la que acosan al resto de la población, por sus mascotas, por la música que ponen, por el volumen de la misma, por su manera de hablar, de discutir, de gritar, de comer, de beber... etc.

Y una vez detectados, se levanta acta gráfica (o audiovisual si procede), se interpone la denuncia y el juez manda a la policía para que devuelva a ese capullo del infierno a su lugar de origen sin vacaciones. Y a toda su ralea con él si llega el caso. Lo de si además debería reincorporarse a su trabajo, o entrar a formar parte del pelotón de reconstructores forzosos de castillos (que también hay que organizar) durante lo que le quede de vacaciones, ya dependería de la gravedad de la infracción y del humor del juez.
Esto es importante: que sea todo legal, no perdamos la perspectiva.

Por cierto, si el delincuente (llamémoslos así a partir de ahora) es turista extranjero, cosa que sucederá sí o sí, se le reembarca en su avión y a su país bien empaquetado, con una buena multa para que el próximo año prefiera ir a contaminar con su presencia cualquier otro lado.
Que por mucho menos que eso nos dedicamos a repatriar a los inmigrantes ilegales, hombre.

Es una cuestión de higiene social en la época en la que más falta hace: en verano. Y en la época en la que más turistas nos visitan; pensad en la enorme tragedia que supone el hecho de que un altísimo porcentaje de los turistas sólo conozcan la versión chiringuitera, hortera y cutre de nuestro país. La cosa es grave.

De esta manera, lograríamos un ambiente mucho más selecto y satisfactorio en todas nuestras zonas costeras, el turismo iría paulatinamente elevando el nivel en sus formas y comportamientos, y nos ahorraríamos el terrible éxodo personal que supone, verano tras verano, tener que buscar las más recónditas y solitarias playas para disfrutar de unas más que merecidas vacaciones con un mínimo de dignidad.

Y démonos prisa en montarlo, por favor, que me veo el percal venir ¡que ya estamos en junio!

3 comentarios:

daniel dijo...

te falta amor, no importa el tema del que hables: las barbaries estéticas, el chantaje emocional...

los artículos son un grito desesperado. amor, te falta amor, tienes que darlo y recibirlo.
no creas que se trata de un cosa cursi y romántica. es algo mas sencillo, menos literario.

y hay que darse prisa,"que la vida iba en serio"

Gladius dijo...

Daniel, si las ñoñeces pesaran, me derrumbabas el blog.

ana dijo...

uno de los momentos más impactantes de mi vida fue la primera -y única, vive dios- vez que fui a Benidorm en verano.
Ángela María! qué atentado a la sensibilidad, con lo desarrollada que yo la tengo!
no había vuelto a pensar en ello hasta que a ZP se le ha ocurrido la feliz idea de privarnos de los chiringuitos playeros. a ese tío sí que había que exiliarlo antes de que haga más daño al mundo
por cierto, cuando iba a abortarse el proyecto, van los del BNG y lo apoyan! yo creo que es puta envidia, porque en Galicia no hace bueno y sólo tenemos cuatro chiringuitos...
hay que joderse