martes, 2 de diciembre de 2008

El insulto: frecuencia y efectividad


El ser humano (sobre todo la subespecie carpetovetónica) utiliza las variantes ofensivas del lenguaje con mucha frecuencia, y es por ello que los insultos de siempre van perdiendo su, antaño incuestionable, esplendorosa sonoridad, efectividad, fuerza, intensidad, sentido...
Realmente, estamos matando la puta gallina de los jodidos huevos de oro.
Pero sin embargo, es de justicia reconocer que es complicado, difícil y doloroso contenerlos, y frenar la lengua cuando está a punto de soltarse sin ataduras en una salvaje libertad aniquiladora del estrés y los malos humores.
Cuanto más, cuando estamos rodeados de la mierda de congéneres que tenemos, en una sociedad que reprime los instintos violentos y en un sistema que tiene demonizada la legítima defensa del exterminio de los incapaces.
Así pues, siendo el insulto frecuente algo tan beneficioso, necesario y urgente de mantener, voy a dar un par de recetas para poder seguir insultando con tanta o más periodicidad y, a la vez, rehabilitarlos para evitar esa pérdida de efectividad.
Una es sobradamente conocida: recuperar los viejos insultos del colegio, los de niño, esos que suenan ñoños pero que con la entonación adecuada y escupidos seriamente por un adulto de quien no se esperan, de repente, vuelven a cobrar todo su sentido ofensor: Payaso (de lo peor que se le puede llamar a cualquiera, comprobado), feo, tonto, baboso... Además, pasan a ser mucho más creíbles gracias a su capacidad descriptiva. O sea que hacen más daño, vaya.
La otra ya es más sofisticada. Se trata de cambiar la formulación del insulto pero manteniendo intacto su significado. Es decir, que en vez de “me cago en tu puta madre”, que ya suena casi a fórmula de documento oficial, soltar “me voy a cagar en tu madre, esa pedazo de puta”. Se consigue así un efecto enfático que, claramente, revitaliza el concepto y provoca un raciocinio del mismo en el receptor que redunda en un mayor dolor moral.
Así, manteniendo una rotación adecuada en cuanto a la variedad de los insultos y reestructurando mínimamente su formato, podemos conseguir darles un uso continuo e intensivo si es necesario, sin que con ello tengamos que lamentar la pérdida de efectividad correspondiente.
Aún podemos salvarlos, pero hay que tomárselo en serio, ¿estamos?

viernes, 28 de noviembre de 2008

Un juego nada más...


Recuerdo un día en Segovia, una tarde en la que quedamos más de 25 compañeros de la universidad para beber, nada más. Quedamos en un bar de mesas desvencijadas donde servían lo que tienen que servir: jarras de cerveza, sangría y calimocho. Lo suyo era jugar a algo para pasar un par de horas divertidas con la excusa de bebérnoslo todo, todo. Pero lo complicado era esto: éramos demasiados para los clásicos juegos de dados, pruebas, duro y demás, y tampoco queríamos dividirnos. En esas estábamos, sin saber cómo echarnos la cerveza al coleto, cuando uno propuso un buen juego: La clásica serie de palabras. O sea, que uno suelta un criterio (por ejemplo, capitales de África) y todo el mundo por orden debía decir una palabra de la serie (El Cairo, Túnez...). El que repetía o fallaba, bebía (o sea, que inventó el 1, 2, 3 para beber). Algo tan sencillo y poco atractivo, sin embargo, se animó cuando alguien soltó una categoría subjetiva: Países que no deberían existir.
Evidentemente, bebía todo aquel que a él le daba la gana: él era el único que decidía cuales debían existir y cuales no, sin tener que razonar ni justificar sus decisiones.
Bueno, pues aparte de compartir el secreto para que 25 personas se cepillen 100 litros de alcohol en menos de una hora, es que el juego en sí es divertido. Primero porque una de cada 25 veces, cuando te llega el turno, la sensación de ejercer una autoridad absoluta, incuestionable e incontestable durante toda una ronda es algo sublime. Pero segundo, porque la controversia y oposición estériles que provocaban las decisiones impopulares no servían para nada de nada y la impunidad del poder es algo todavía mejor. Ni siquiera saber que más tarde todos y cada uno de los jugadores se podían ir vengando de ti, te acobardaba lo más mínimo: que te quiten lo bailado.
Claramente, ser dictador una vez y esclavo 24, no sé porqué pero compensaba. Y mucho. La pregunta es si cuando no se trata de un juego sigue compensando.
Bueno, mientras lo resuelvo, aprovecho para recomendar una peli que no he visto sobre otro hecho real más efectivo que mi anécdota, aunque más aburrido: El de la imagen es el cartel. No se la pierdan cuando la estrenen.

PD: Por cierto, el primer país que no debería haber existido jamás es Inglaterra. Porque lo digo yo.

martes, 25 de noviembre de 2008

Corrupción en primera persona


Facilito una receta para tener una idea aproximada de la verdadera dimensión de la corrupción y la inmoralidad que reina (en todos los sentidos que queráis) en este país.
En cualquier situación o conversación, hagan la prueba. Pregunten quien puede decir que conoce con relativa seguridad, una sola administración pública, local, provincial, autonómica, nacional o internacional, que no esté salpicada por algún caso de corrupción.
Siempre que sale el tema, la conversación acaba siendo una especie de pique entre los casos que cada uno saca sobre su pueblo, sobre el lugar en el que veranea, sobre su ciudad de origen, sobre la capital... Jamás, jamás, jamás, se consigue que alguien se quede callado y no pueda aportar algún ejemplo ilustrativo.
El problema es que a nivel individual, todos los españolitos se creen que el caso que ellos conocen es el más terrible del país y que semejante nivel de desfachatez no puede existir en otro sitio. ¡Y ese es el error! No sólo existe en otros sitios, sino que es así de fácil ver que es la tónica general en todos lados.
Y aquí está el quid de la cuestión: Si todo el mundo en este país conoce, casi de primera mano, casos escandalosos de corrupción, al escalar el sistema veremos cristalino el verdadero mapa de España.
Pero no todo acaba ahí. Ahora trasladen la misma cuestión al mundo de los organismos oficiales. Y después de eso, vuelvan a replantearse el caso con el sector privado y a todos los niveles (laboral, económico...).
Y si aún les quedan ganas de vértigo, ahora piensen que por supuesto sólo se conoce la punta del iceberg.
Miedo, es lo que da.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La hora punta


Un triste día del mes pasado tuve que levantarme a eso de las 8 de la mañana para ir a trabajar. Normalmente me levanto a las 9 para llegar tranquilamente a unas civilizadas 10 de la mañana (margen de error: más 15/30 minutos, nunca menos).
Total, que a las 8 y media de la mañana salgo a esas calles de Dios y ¡no puede ser! Millones de gentes por todos lados, centenas de atascos en todos los cruces, miles de personas metidas en lentísimos autobuses, toneladas de apretujones en atestados metros... Las calles se convierten a esas horas en una inmensa red de cloacas infectas que canalizan lo peor de los seres humanos: estrés, sudores, esfuerzos, depresiones, odios, prisas, malos humos, mal café, mala leche... ¡Qué asco!
¿Quién dijo que el proletariado ya no existe? ¡Todos esos son proletarios! Toda esa gente que tiene que sufrir esas condiciones a diario para ir a trabajar, y ellos sí que merecen una revolución mundial.
Pero todo el mundo parece estar ya metido en la burbuja y no son capaces de ver que son la hez del mundo laboral. Todos los directivos, millonarios, prebostes y demás que se tragan todos los días la hora punta, de la manera que sea, no son más que pobres proletarios, tristes oprimidos y lamentables víctimas de un sistema inhumano, y ¡ni siquiera lo saben! ¿En qué momento absurdo de la historia la gente empezó a valorar estupideces como el tamaño del despacho, la cantidad de dinero que les sobra o la asunción de responsabilidades? ¿a qué edad las personas abandonan la cordura de sus valores infantiles por la demencia de la madurez?
Porque de los que ni siquiera ganan una pasta o mandan en sus trabajos, de esos me da miedo hasta hablar; son el cuarto mundo como mínimo, son la vanguardia de la indigencia intelectual, filosófica y vital más increíble de la historia. ¡Esto es clasismo bien entendido!
Creo que mis prioridades han cambiado desde que ese día tomé contacto con esa asquerosa realidad: ya no me importa el dinero, no me importa ascender, no me importa el trabajo en sí... sólo quiero trabajar en el centro de la ciudad (a un agradable paseo de donde vivo) y, sobre todo, tener un horario que me permita no soportar la hora punta jamás en mi vida.
Quiero volver a querer ser vaquero, por ejemplo...

martes, 18 de noviembre de 2008

Una deliciosa mañana de otoño…


En la que el aire fresco invita a prestarle la cara, el límpido azul del cielo cobija con optimismo cualquier ánimo y el brillo del sol va despertando todos los recovecos de la calle.
Cuando cruzo la última calle, la verja del Retiro se me antoja la deliciosa frontera entre una ciudad ya agitada por la hora punta, y un refugio de verdor con una banda sonora en la que sí tiene protagonismo el crujir de mis zapatos sobre la tierra. Paso a paso las hojas caídas tachonan el camino con las huellas de la estación, aunque los castaños aún conservan algunas temblorosas y tostadas.
Al adentrarse por los caminos, surge alguna que otra torcaz, siempre varias urracas, los omnipresentes gorriones y se intuyen los mirlos alborotando la hojarasca entre los setos. El agua de las fuentes pone su tono cristalino y la poca gente que se ve camina en silencio y sola perdiéndose por derroteros diversos o corretea afanosamente sin que se sepa muy bien porqué.
De repente, pasa un camioncito de los jardineros, traqueteando herramientas y ramas. Luego otro. Entre ambos, han levantado una nube de polvo que me hace fijarme en la tierra polvorienta y blancuzca que algún descerebrado ha mandado extender por casi todos los caminos del parque. Cuando el polvo empieza a disiparse, aparecen dos jardineros montados en dos tractores cortacésped apurando las marchas, que dejo de oír en cuanto otros tres operarios con auriculares arrancan sus mangueras-ventilador a gasolina para barrer las hojas soplándolas. El ruido es como de obra, y la polvareda que levantan soplando toda esa tierra blanca es increíble. Los que corretean dan rodeos para alejarse lo más posible. En el macizo de enfrente, otros tres empleados del infierno están, uno con un cortasetos mecánico, hermano pequeño de la motosierra, otro con un cortacésped manual que acelera como un demonio y el tercero con un triturador de maleza intentando hacer más ruido que sus compañeros. Ahora comprendo porqué se tortura el Ángel Caído.
Antes de conseguir salir del Retiro se me cruzan otro camioncito, dos carritos de golf con jardineros montados, un cortacésped más y un par de coches de policía.
Esto es el Retiro una mañana cualquiera: una zona de obras.

miércoles, 29 de octubre de 2008

El Efecto Manolete


Gran concepto acuñado por mi querido amigo Bittor que consiste básicamente en que “si no sabes/quieres torear, pa qué te metes”.
Bueno, el caso es que él le ha puesto nombre a un tipo de incoherencia casi consagrada ya como norma de conducta en estos tiempos que corren.
Por ejemplo, el caso es que desde hace un tiempo algunas asociaciones de guardias civiles están luchando y protestando para dejar de ser Instituto Armado, pasar a ser civiles, convertirse en policías y recuperar derechos como la huelga, manifestación, asociación, etc, que ahora no disfrutan por su condición militar.
Y aquí viene la pregunta de Bittor: Si ya lo sabíais, imbéciles, ¿para qué cojones, entonces, os hacéis Guardia Civil, panda de gilipollas? ¿Porqué no se hicieron policías, los muy retrasados? ¿Y todos los que se quedaron sin plaza porque ellos se empeñaron en ocupar una que luego no quieren aceptar? ¿por qué no los denuncian y exigen su expulsión del cuerpo y que se saquen a concurso nuevamente esas plazas? Y sobre todo, si ya tenemos policía y ellos pasan a ser lo mismo ¿para qué diablos los queremos? Aquellos compañeros a los que les quede algo de vocación tenían que hacerlos correr delante de las porras en una de esas manifestaciones…
Pero hay más ejemplos del Efecto Manolete por todos lados:
Los vecinos de Barajas están peleando y protestando y montando pollos desde hace años para pedir el cierre nocturno del aeropuerto o su traslado al cercano Campo Real. Y la historia es la misma: Entonces ¿por qué cojones se compraron una casa en Barajas? ¿es que no había más pueblos en Madrid para vivir? y ¿cómo pueden ser tan cabrones de desearles el mal que ellos buscaron a los vecinos de Campo Real? ¿es que en ese pueblo son más gilipollas que en Barajas y se tienen que comer el aeropuerto porque sí?
Y así a bote pronto (me flipa esa expresión, no sé porqué) se me ocurre uno a mí solito: Todos los rescates financieros de grandes empresas quebradas, los fondos de ayuda a la banca en USA y Europa, etc. ¿Por qué todos tenemos que pagar el pato de los ineptos que han llevado a la quiebra sus empresas? ¿cómo se atreven todos esos banqueros capullos a exigir la caridad de todos los habitantes del país para salvarles el culo? ¿quién coño se creen para no dimitir cuanto antes y rendir cuentas ante sus accionistas? ¿por qué sus accionistas lloriquean mendigando los rescates y no cargan contra los consejos de administración para exigir responsabilidades y mandarlos de cabeza a la cárcel? ¿es que alguien obligó a accionistas, clientes y directivos a meter su dinero en esos sitios? No, claro que no. Entonces ¿por qué todos los demás tenemos que sacarlos del hoyo?
Reivindico el Darwinismo (teoría tan consagrada por lo visto) para solucionar todo esto: La supervivencia de las empresas y bancos más fuertes. Los que se tengan que ir a la mierda ¡que se vayan!
Más coherencia y menos Manoletes.

martes, 28 de octubre de 2008

Apuesta por McCain


Sólo queda una semana, Obama arrasa en todas las encuestas, en todos los debates, en todas las tertulias periodísticas, entre la opinión pública mundial, en todas las barras de bar, entre los actores, intelectualoides y demás cantantes y, por último, en todas las redacciones periodísticas españolas.
Bueno, pues me voy a mojar contra todos los pronósticos: va a arrasar McCain. No va a ganar simplemente, sino que va a arrasar. Mínimo por más de un 5%.
Esto es muy sencillo y quizás, como siempre en estas cosas, sobran datos y falta sentido común entre tanto analista barato: ¿Crisis y aventuras políticas? Venga ya. La gente es conservadora en los malos momentos y un altísimo porcentaje de las simpatías por opciones atrevidas o revolucionarias siempre dejan de ir a votar llegado el momento.
Obama es cambio y no control, es negro y no blanco, es bueno por conocer y no malo conocido…
No ganará por mucho que el periodismo español no pare de jalearlo. ¿O ya nadie se acuerda de Kerry?
Y si me equivoco y gana, entonces hablaremos de lo nada que van a cambiar las cosas en USA y en el mundo (ni falta que hace), esté uno u otro.

viernes, 24 de octubre de 2008

Una recomendación nada recomendable


Hace tiempo que lo conozco y que lo leo, pero como últimamente lo he redescubierto, voy a copiar un episodio al azar del libro “Historias del Savoy” de José Luís Alvite. Juzguen ustedes mismos:

“Cada vez que se incorpora al Savoy una corista nueva, Ernie le ofrece una sencilla recepción, la invita a cenar a su mesa y le hace unas cuantas precisiones. Se trata de puntualizar la filosofía del trabajo. Les dice: «No cometas el error de querer dejar tu huella desde el primer día. A los tipos que vienen por aquí lo que les interesa de tu pie no es la huella, nena, sino el zapato. Y en cuanto a tu aspecto, métete en la cabeza que no estás aquí para vender Biblias sino para impresionar al público.
Te quiero decir que conserves tus lunares, si los tienes, y no te obsesiones con el dermatólogo. Pertenecemos a un mundo en el que un lunar todavía no es una patología». A muchos les parecerá un criterio machista pero las cosas hay que verlas en su ambiente natural. Al público del Savoy lo que le interesa de las coristas no es su cociente intelectual sino la carnalidad de su peinado. A veces las coristas tienen un momento de ternura y de ensimismamiento y les da por escribir. La pobre Terry Shelton lo hacía a menudo aprovechando los descansos. Ernie Loquasto se quedaba mirándola y me decía: «En esto precisamente consiste la magia de la carnalidad y del espectáculo». Ernie se refería al instante en el que, en el punto más hondo de su abstracción, la pobre Terry subrayaba su Biblia con el lápiz de labios.
Esa mezcla de pensamiento y perfidia surge a menudo en las literarias mujeres de Jardiel, que nos retrata a sus venéreas hembras envueltas en un halo de obstetricia y heliotropo. Y así era también aquella Polina Suslova que arrastró a Dostoievski por los casinos de Europa llenándolo del inefable gozo de la flaqueza. Muchos grandes hombres sucumbieron encantados a esa extraña pócima tan femenina que se fabrica mezclando adecuadamente la poesía y la mercería, la felación y el Ave María. Chopin disfrutó con la misma angustia.
Un piano no está completo si en su cola no se pudre el alma de una mujer capciosa, una de esas sofisticadas mujeres a las que el palco de la ópera les sienta como un biombo.”


Quiero hacer notar que esta es la tónica general de todo el libro, el nivel no decae absolutamente nada en ninguna página. Es un talento fuera de serie, lejos del alcance del resto de mortales. Al final va a ser que sí hay algo inmortal entre los escritores de los últimos 50 años de este maldito planeta.

jueves, 23 de octubre de 2008

El dulce sabor de la crisis


Me encantan las crisis, quizá porque seguramente no he sufrido ninguna en mis carnes, pero es de lo mejor que puede pasar en una sociedad (siempre que la crisis sea temporal, y no argentina).
Es una catarsis necesaria, de renovación, de depuración, no sólo económica, sino (y ahí está el quid de la cuestión) social y moral.
La gente en tiempos duros se empieza a dar cuenta de las cosas que son realmente importantes, va alcanzando un criterio razonable en cuanto a lo que merece la pena y lo que no. Así, de repente, empiezan a quebrar como palillos todos esos negocios repulsivos, comercios infames y tiendas absurdas que en vez de “La Boutique de la Abuela” deberían llamarse “Chuminadas de la Prima”.
Me estoy refiriendo a las tiendas de mil jabones de colores y sabores, a los bazares de cosas modernas más falsas que sus dueños y que imitan trastos antiguos y sucios, a los restaurantes con veleidades que cobran por el alquiler del plato y los cubiertos más que por el alpiste aderezado que sirven, a las boutiques de chocolates que hacen cestitas de filigranas sacadas de una pesadilla de Candy Candy, a las tiendas de moda y complementos que venden brillos de bisutería a precio de metal del bueno…
Todo ese elenco de negocios de pacotilla, de vendedores de humo, de absurdeces sin sentido, van a irse a pique uno tras otro, como fichas de dominó, con las hojas del otoño, al primer soplo del viento purificador del invierno de la crisis.
Porque hasta los consumidores más idiotas, ante la escasez se vuelven más listos, más clarividentes, y ya no tienen tiempo ni dinero (gracias a Dios) para gastarlo en las chorradas de ayer.
Me alegro, mucho. Que venga la ruina y que venga pronto, quiero ver como la crisis devora la carroña de tanto profesional de la frivolidad.

jueves, 2 de octubre de 2008

Contra-patrocinios...


La publicidad tiene una revolución pendiente, y son los consumidores los que tienen que iniciarla. Aunque sea por divertirse, porque puede tener efectos espectaculares en los anuncios y se abrirían campos y caminos mucho más interesantes y atractivos.
Se trata de reaccionar en ambos sentidos ante un patrocinio, no sólo positivamente (como sucede ahora). Me explico: Si, por ejemplo, el Banco Santander patrocina a Hamilton y Hamilton me cae mal, me largo del Banco Santander.
Más ejemplos: Si soy antibarcelonista y el Barça lleva UNICEF en las camisetas, entonces apoyaré a cualquier organización humanitaria menos a UNICEF.
Si odio que corten las películas en la tele, jamás compraré nada que se anuncie en el medio de una película. Igual con el fúbol o la F1.
De esa manera, las marcas escogerían mucho más a quienes patrocinan, habría guerra de verdad entre las marcas cuando la hubiera entre patrocinados, las posicionaría mucho más (tendrían que mojarse) y no podrían patrocinar enemigos mortales (sería un chaqueteo inaceptable).
Así marcas como Adidas, por ejemplo, tendrían que apostar a una sola carta a la hora de vestir selecciones o equipos en la liga...
Y, no hace falta ni decirlo, la sociedad en general se beneficiaría de una publicidad más inteligente y estratégicamente pensada, de una mayor responsabilidad por parte de las marcas y de tener la última palabra gracias a actitudes que premian o castigan en el mercado.
Como todo lo que se me ocurre, nunca pasará ¿no?

jueves, 25 de septiembre de 2008

La guerra como solución urbanística


Tengo la panacea para resolver de una sola vez, todos los problemas urbanísticos de este país, del campo y la ciudad, del litoral y el interior... Todos.
Es simple pero eficaz: una nueva guerra civil.
Dejando aparte que una nueva contienda solucionaría muchos de los problemas políticos que tenemos durante, al menos, otros cuarenta años (o más, si la izquierda gana y consigue superar la marca de la derecha), lo bueno sería que permitiría a los combatientes de ambos bandos, ya que están, ir volando en pedazos y sin piedad toda la mierda de barrios mal diseñados de las ciudades, los edificios horribles, las casas feísimas, las construcciones antiestéticas, bloques residenciales... Y a la vez, podrían ir abriendo nuevas futuras zonas verdes, respetarían sólo lo inequívocamente bello y nos dejarían un país perfecto para iniciar una época de construcción racional, bella y armoniosa para la mitad de la población actual (la otra mitad, o al exilio o al paredón, lo siento, así son los daños colaterales): un auténtico paraíso.
Cualquier día, tiro la primera piedra a ver si hay suerte.

martes, 23 de septiembre de 2008

Puntos negros para peatones


Una más de marginación: la que sufren los peatones en todas las ciudades de este país. Más que nada porque casi nunca constituyen ninguna preocupación para administraciones o medios de comunicación.
Hay infinidad de estudios sobre movilidad ciudadana referidos casi exclusivamente a tráfico rodado, poquísimas iniciativas a favor de los peatones y, lo más desesperante, una cantidad increíble de puntos negros para los de a pie.
O sea: lugares en los que para andar 50 metros tienes que cruzar 3 calles y 3 pasos de peatones ¡teniendo que esperar en los 3!, sitios en los que los pasos de peatones no están en las esquinas sino que te tienes que desviar 20 metros para llegar a ellos, pasos de cebra que conducen a una mediana por la que tienes que andar otros 20 metros para cruzar la segunda parte de la calle (cuyo semáforo ya está en rojo, claro), paradas de autobús que están casi encima de pasos de cebra y que los autobuses bloquean cada 2 por 3 y esté el semáforo como esté...
Yo creo que voy a seguir unos añitos con la sana costumbre de saltarme los semáforos en rojo y cruzando por el medio de las calles.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Televisiones panorámicas: la gente es muy boba


Esta es una de esas cosas que no puedo entender de ninguna manera. Me parece increíble una actitud así de unánime y duradera, y sin embargo tan increíblemente absurda. Y lo más sorprendente es que no hace falta ni medio dedo de frente para darse cuenta.
Resulta que salen los nuevos modelos de TV de pantalla panorámica (además de plana). Y a la vez se anuncia en todas las cadenas que pronto (sin fecha concreta) se empezará a emitir en panorámico para esas nuevos modelos. Esto sucedió hace ya más de un par de años. En este intervalo, casi toda España ha hecho un alucinante “plan renove” de televisiones y casi todo el mundo tiene ya en casa una TV plana con pantalla panorámica. Muchos además se han comprado las últimas de gran resolución.
Y claro, los que la tienen están encantados con “cómo se ve mi nueva tele”, “que grande es mi nueva tele”, “esto sí que es otra cosa”... Y los pocos que no la tienen, babeando por ellas.
El caso es que ninguna cadena emite aún en panorámico. ¡Ninguna! O sea que todo lo que se ve en los nuevos modelos panorámicos ¡se ve deformado!
Algunos recordarán aquellas películas que antiguamente emitían por TV para proyectar, y que en las televisiones los personajes se veían estirados porque comprimían el cinemascope. Bueno, pues esto es lo mismo, pero al revés.
Y no es algo esporádico, ¡todo el mundo la está viendo así! Pero ¿nadie tiene ojos o qué?
Así, se da la paradoja de que en este país, las únicas televisiones que se ven bien ¡son las antiguas!
Si se quieren ver bien las nuevas televisiones panorámicas, sólo hay que hacer algo que casi nadie hace: coger el mando y cambiar la configuración de pantalla a 4/3, renunciar a algunas pulgadas por cada lado y ¡ver a la gente como realmente es!
Es que ha llegado a un punto en el que casi todos creen ya que lo que ven está bien, y si les cambias en el momento la configuración de la pantalla, creen que el tamaño real está deformado porque ¡llevan años viéndolo mal!
Pero aún hay más, y esto afecta a los profesionales de la televisión (nuevamente, el panorama en este país es desalentador). Todas las cadenas usan pantallas panorámicas en muchos programas, y todas tienen las imágenes deformadas. ¡TODAS! Tanto que a veces enfocan una pantalla panorámica con una cámara, con lo que se suman los desfases y en casa la imagen se ve ¡doblemente deformada!
Consejo constructivo para los pocos que quedamos sin TV panorámica: no os la compréis hasta que las TV no empiecen a emitir en panorámico. Veréis bien la tele hasta entonces y, llegado el momento, os compraréis por el mismo dinero que ahora una más grande y con más resolución.
Aún así, teles cuadradas como la mía pueden configurar la pantalla para ver bien las emisiones panorámicas, así que hay más margen aún para cambiarla.
Juro que no entiendo como puede pasar esto. Me devuelve la fe en la manipulación mediática y me la quita en la humanidad: somos memos y nos merecemos el exterminio.

viernes, 19 de septiembre de 2008

¿Crisis? ¡Vuelta a la vida estudiantil!


Esto es una solución primaria, facilona (o sea buenísima) y para quien pueda aplicársela (soy consciente de que no será mucha gente).
Se trata de lo siguiente: Los ciclos de crisis suelen durar unos 4, 5 ó 6 años más o menos. A partir de entonces, suelen empezar de nuevo las vacas gordas.
Bien, pues se trata de lo siguiente: es el momento de hacer una carrera universitaria, de encadenar dos masters consecutivos, de irse a estudiar al extranjero, de realizar esa experiencia vital de “5 años a pie por los caminos tanzanos”, agarrarse a un par de becas exóticas, etc. O sea: actividades formativas de larga duración, 5 años para hacerse con un CV como Dios manda.
A la vuelta de esos nuevos 5 años maravillosos de nuestra vida, se habrá acabado la recesión, empezará otra vez la alegría financiera y cualquiera con esa formación extra tendrá ofertas de trabajo a punta pala.
Repito que es para quien pueda, pero también para los que ahora no encuentren trabajo o crean que necesitan algo así pero no encuentran tiempo o estén saliendo de la universidad y vean muy crudo el panorama. El saber que tienes 5 años de crédito a fondo perdido para disfrutar formándote en una balsa de tranquilidad entre tanta crisis, es un alivio ¿no?
Me encanta dar consejos que, por ahora, no necesito. ¡Viva la vida!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¿Éxito paralímpico? Ya será menos...


Estas últimas semanas, a medida que han ido cayendo las medallas en España, nuestra deficiente prensa deportiva se ha lanzado a los cielos para glorificar la actuación de los para-atletas españoles, y al final, resulta que el décimo puesto del medallero es un éxito considerable y mucho mejor actuación que la de nuestros olímpicos molientes y corrientes.

Bueno, la tragadera ha sido unánime y como hasta el día de hoy no he visto a nadie poner en duda el indiscutible triunfo del equipo paralímpico español, a mí me apetece hacerlo. Unos datos para empezar:

Estos son los números de las Olimpiadas:
Países participantes: 204
Pruebas realizadas: 302
Resultados de España: Puesto 14º. Medallas: 5 de oro, 10 de plata, 3 de bronce, 18 en total.

Y estos los números de las Paralimpiadas:
Países participantes: 145
Pruebas realizadas: 472
Resultados de España: Puesto 10º. Medallas: 15 de oro, 21 de plata, 22 de bronce, 58 en total.

Así que, si nos da por comparar tras habernos documentado un poco (ciencia ficción en el periodismo español), nos encontraremos con que España en las olimpiadas ha sido la 14ª entre 204, y en las paralimpiadas ha sido la 10ª entre 145. Al calcular, nos encontramos con el mismo porcentaje: 6,8 %. O sea que ni mejor ni peor: exactamente igual.

Si miramos el medallero (el otro dato que se ha dado), en las olimpiadas se han ganado 18 medallas en 302 pruebas, y en las paralimpiadas se han ganado 58 en 472. Al calcular el porcentaje de medallas, el resultado es algo más del doble a favor de los paralímpicos (5,9% y 12,2%). Pero este dato no es concluyente porque el medallero paralímpico lo encabezan de manera absoluta los países del primer mundo (salvo China) entre los que se encuentra España, y que concentran más promedio de medallas que en el medallero olímpico.
Por ejemplo, China olímpica: 100 medallas en 302 pruebas. China paralímpica: 211 medallas en 472. Promedio también muy favorable a los paralímpicos chinos: 33% y 44%.
Esto se explica porque los deportes paralímpicos son mucho más caros de practicar que los olímpicos, y en general los inválidos (discapacitados o impedidos, todo significa exactamente lo mismo) del tercer mundo apenas consiguen lo justo para comer, como para pensar en tener una silla de ruedas de última generación para entrenar los 200 metros. Repito que China es la excepción que se explica por ella misma.

Resumiendo, que muy bien todo, que lo importante es participar y que lo han hecho bien. Vale, genial. Pero no está nada claro que lo hayan hecho mejor que el equipo olímpico, si acaso igual.
Y en cualquier caso, ¿porqué demonios se ponen a comparar? ¿es que si los paralímpicos lo hubiesen hecho mucho peor se habrían atrevido a decirlo en los periódicos? ¿titularía El País (por ejemplo) “Ridículo del equipo nacional paralímpico”, como sí han hecho en otras ocasiones con otras selecciones?

No, claro que no. Porque los paralímpicos dan pena... ¿no?
A lo mejor para que los inválidos empiecen a disfrutar de igualdad, el primer paso sea eliminar la lástima y la condescendencia al tratarlos, ¡que compiten entre ellos!