viernes, 24 de octubre de 2008

Una recomendación nada recomendable


Hace tiempo que lo conozco y que lo leo, pero como últimamente lo he redescubierto, voy a copiar un episodio al azar del libro “Historias del Savoy” de José Luís Alvite. Juzguen ustedes mismos:

“Cada vez que se incorpora al Savoy una corista nueva, Ernie le ofrece una sencilla recepción, la invita a cenar a su mesa y le hace unas cuantas precisiones. Se trata de puntualizar la filosofía del trabajo. Les dice: «No cometas el error de querer dejar tu huella desde el primer día. A los tipos que vienen por aquí lo que les interesa de tu pie no es la huella, nena, sino el zapato. Y en cuanto a tu aspecto, métete en la cabeza que no estás aquí para vender Biblias sino para impresionar al público.
Te quiero decir que conserves tus lunares, si los tienes, y no te obsesiones con el dermatólogo. Pertenecemos a un mundo en el que un lunar todavía no es una patología». A muchos les parecerá un criterio machista pero las cosas hay que verlas en su ambiente natural. Al público del Savoy lo que le interesa de las coristas no es su cociente intelectual sino la carnalidad de su peinado. A veces las coristas tienen un momento de ternura y de ensimismamiento y les da por escribir. La pobre Terry Shelton lo hacía a menudo aprovechando los descansos. Ernie Loquasto se quedaba mirándola y me decía: «En esto precisamente consiste la magia de la carnalidad y del espectáculo». Ernie se refería al instante en el que, en el punto más hondo de su abstracción, la pobre Terry subrayaba su Biblia con el lápiz de labios.
Esa mezcla de pensamiento y perfidia surge a menudo en las literarias mujeres de Jardiel, que nos retrata a sus venéreas hembras envueltas en un halo de obstetricia y heliotropo. Y así era también aquella Polina Suslova que arrastró a Dostoievski por los casinos de Europa llenándolo del inefable gozo de la flaqueza. Muchos grandes hombres sucumbieron encantados a esa extraña pócima tan femenina que se fabrica mezclando adecuadamente la poesía y la mercería, la felación y el Ave María. Chopin disfrutó con la misma angustia.
Un piano no está completo si en su cola no se pudre el alma de una mujer capciosa, una de esas sofisticadas mujeres a las que el palco de la ópera les sienta como un biombo.”


Quiero hacer notar que esta es la tónica general de todo el libro, el nivel no decae absolutamente nada en ninguna página. Es un talento fuera de serie, lejos del alcance del resto de mortales. Al final va a ser que sí hay algo inmortal entre los escritores de los últimos 50 años de este maldito planeta.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es que no puedo hacer ninguna crítica destructiva ante las "noches del Savoy" y la pluma de José Luis Alvite que durante tantas mañanas me deleitaba en aquellos años de Diario 16...snif!
Gracias por compartir un capítulo en tu blog, porque gracias a este he podido "re-saborear" viejos tiempos

Anónimo dijo...

Mira de investigación me he topado con un libro que puede interesar a los adictos al Savoy: "Almas del nueve largo. Historias del Savoy" (José Luis Alvite)

UN SALUDO!!

Zomas Osborn dijo...

Y ya puestos, dejo aquí otro título: "Áspero y Sentimental", el último gran Alvite. Con este hombre la envidia se convierte en una agradable carga y el insulto en el mejor de los halagos: "¡Qué Cabrón!"

ana dijo...

como siempre, un placer leer tu blog. esta vez doble, con esa delicia del savoy, gracias