viernes, 10 de julio de 2009

La NY de la globalización


Sorprendente, sí, mi reciente viaje a Nueva York. Ciudad absolutamente recomendable por otra parte, sean cuales sean los gustos de quien sea: siempre encuentras lo que sea que busques.

Bueno, el caso es que en mi primera visita a la capital mundial, dicen, de la globalización, me he quedado impactado por lo irónico y paradójico del asunto, porque curiosamente, lo más globalizado que pude encontrarme allí no fue la comida basura, la música, los medios de comunicación... es decir, lo que se espera en un primer momento que sea la bandera de la uniformización cultural mundial, sino al revés: todo lo que se supone alternativo, diferente, exótico o revolucionario.

Es decir, que así como en todo el mundo se comen perritos calientes y hamburguesas, me van a permitir que afirme que en ningún lugar del mundo se hacen como se hacen en Nueva York.
Pero en cambio, el barrio del Soho de NY, el de Little Italy, el de Chinatown, la zona de Meet Packing... se parecen como gotas de agua a todos los barrios de artisteo, de inmigrantes, de corrientes alternativas, reconvertidos en foco de cultura, modernitos... de todas las malditas grandes ciudades del planeta.

Así que las bobadas snobs que se oyen de continuo a los que vuelven “impactados” por todos esos sitios, babosadas del tipo de “es increíble, un sitio único, inquietudes que fluyen, un bullir de gentes y actitudes, nuevas tendencias...”, pueden ustedes saltárselas como quien oye llover, porque para experimentar esas mismas transfiguraciones del ánimo, sólo tienen que acercarse a los barrios chungos de sus propias ciudades a hartarse de cultura barata de suburbio (en Madrid, por ejemplo, valgan Fuencarral, Chueca y Lavapiés). Culturetilla, por cierto, inventada ya enterita (hoy en día todo eso se limita más a refrito vintage que a otra cosa) desde hace décadas y con nada nuevo que contar.

Resumiendo: De Nueva York, ciudad que no hay que perderse y que merece más de una visita, hay que ver lo único que sí es de verdad diferente y único en el mundo: los rascacielos, los maravillosos puentes, el ambiente de las grandes avenidas, los perritos y las hamburguesas, el Metropolitan Museum y el de Historia Natural, la Estatua de la Libertad y empaparse un poco de la curiosa y especial (aunque corta) historia de una ciudad mucho más que especial.

Todo lo demás arriba dicho, es tan accesorio y banal como los sentimientos que te impulsarán a apreciarlo. Tendrá su gracia, pero por sí solo no merece un salto de charco.

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